El Hombre Percha-Malestar de un Hominido

viernes, 19 de diciembre de 2014

El último año de mi vida(Novela)-Parte 7-

Los días de escuela:
Cuando estaba en clase,no me sentía demasiado cómodo por el mero hecho de que en cualquier momento la profesora podría fijar su mirada en ti y pedirte que hicieses algo,algo que yo no sabía si iba a poder hacer,porque siempre pasaba algo.Si no era porque me había equivocado, era porque estaba tardando bastante en resolver el problema planteado.Además era frecuente que me desvinculase de la trama númerica del problema en sí y me enganchase a la literaria.Por ejemplo;si Pepe, el fontanero de la ciudad,tenía ocho barrios a los que suministrar agua y cada barrio tenía doce bocas de agua a mi no me interesaba cuantas cañerías pondría Pepe al final del día.A mi lo que me interesaba era como iba Pepe a su trabajo,que furgoneta tendría,como sería la gente que habitaba en esas casas en las que el solucionaba los problemas del agua,si le darían propina...Así que el primer minuto del problema lo dedicaba a montarme la película en la cabeza,de vez en cuando escribía algún número que estuviese en el enunciado para que pareciese que incluso estaba pensando,pero no. Dedicaba el ochenta por ciento del problema a imaginar y el otro veinte a pensar. Por eso no era raro que de vez en cuando me despertasen bruscamente del letargo entre carcajadas La asignatura que más me gustaba,con diferencia era plástica.Y poco a poco me fui dando cuenta según iba pasando Septiembre, que aunque yo estaba bastante aislado en lo que se refería al extracto social infantil de mocosos de un aula, si que cuchicheaban y se asomaban a ver que era lo que iba plasmando con el lápiz y el papel. E incluso de vez en cuando si alguien me preguntaba acerca de como conseguir un color u otro hacía que me sintiese útil.Y lo veía como una pequeña vía de una estación abandonada hacía la comunicación con los demás. Había una chica que me gustaba en clase, aunque ella nunca lo supo. Pero intento consolarme pensando que no lo supo por mi cobardía o timidez no porque se me notase lo más mínimo,aunque un pájaro siempre soltará plumas, por muy pequeñas que sean, al moverse...
Se me encendía el candil de la cueva de mi corazón cada vez que me dirigía la palabra. Un candil frío,oxidado y con síntomas de poco uso. Es increíble la magia que cobra cualquier palabra si sale de las entrañas de una persona a la que amas,incluso un simple -Hola. Bueno,aunque yo no lo llamaría amor,porque era muy niño todavía.Es el previo al amor,como que el cuerpo te va asentando y preparando para sentir en un futuro sensaciones cálidos,agradables,te vas arrimando a la lumbre y ya esta ¡Y cuidado que no te quemes! Es la efervescencia del corazón. Pero por aquel entonces era puro cariño,ingenuidad e ilusión. Un día de octubre llevé una calabaza que mi madre había estado ahuecando para la cena y le pedí que me dejase intacto lo de fuera. Le dibuje dos ojos y una sonrisa Decidí llevármelo a clase simplemente por la gracia que me hacía mostrar algo que había estado haciendo durante el fin de semana y adornar la clase.Pero claro lo que no me esperaba es que a María,la chica esta de la que os llevo hablando hace un buen párrafo le fuese a gustar tanto.Incluso se la quería quedar.
-Alaaa que chulaa
-Gracias María
-¿Cómo lo has hecho?
-Con mi madre.Que vacío la calabaza para hacer puré y luego le pinte y le recorte los ojos.
-Parece una calabaza de Halloween
-Si lo es, me fije en un cuento para hacerla.
-¿Tu me la puedes dejar? Es que mi hermana mayor le gustan mucho las cosas de bruja,los monstruos y las telarañas.¿Me la dejas para que le ponga una vela y se la enseñe a mi hermana?
-Vale
Cada palabra de la charla insuflaba un poquito más mi corazón.Aunque la profesora insistió en dejarla en clase esa semana para que todos disfrutasen de ella,yo ya estaba deseando que llegase el viernes para que María me sacase el tema de conversación y poder charlar un poquito más con ella.Porque es que el resto de los días no hablabamos. Ella tenía un grupito de amigas, y yo de vez en cuando hablaba con algún niño, si lo podía evitar mejor. Así que para mi esas contadas ocasiones eran muy especiales,te hacían sentir como un hormigueo de felicidad,pero que no podías controlar y yo pensaba-Jope que incomodo es esto,¿Se me quitará algún día y podré hablar con ella manera habitual?

Texto: El Hombre Percha.
Todos los sábados un nuevo capítulo

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